Vivir en colores

Nuestro mundo es un espectro de colores, rico en sombras intermedias, de manera que cada una no está aislada por fronteras, sino que siempre se relaciona con las otras dentro de un continuo donde inicio y fin se sobreponen.

Nuestro mundo es un tesoro y tenemos que apreciarlo.

¿Cómo hacerlo?

Valorar e integrar lo que nos parece tan distinto no siempre es fácil. Estamos acostumbrados a los extremos: al blanco y al negro, y a los grises, sin tener en cuenta que además están los demás colores. La llave para no quedarnos atrapados en nuestros límites somos nosotros mismos. La integración, de hecho, surge de nuestro interior. Surge de nuestra voluntad de abandonar el miedo que la sociedad a menudo nos sugiere mantener. Surge de nuestro deseo de entender que vivimos en una realidad compartida, múltiple, llena de colores, y que somos ciudadanos con más rasgos en común de lo que podríamos concebir.

Esta consciencia, sin embargo, no es innata y varía según nuestras experiencias de vida, de nuestra educación, de lo que nos han enseñado y de cómo hemos reaccionado a esas enseñanzas. Una actitud inclusiva se adquiere y se desarrolla con el tiempo, y hay diferentes formas de hacerlo, tantas, como colores.

1. ¡Seamos artistas!

ArteEl arte siempre ha sido una vía prioritaria para la apertura mental. Es una de las disciplinas más eclécticas y que acogen voces provenientes de todos los países, evolucionando paso a paso. Leer libros, escuchar música, admirar esculturas, telas, cuadros llenos de colores de todo tipo, ver películas… el arte es versátil y para todos. Cada uno de nosotros tiene gustos específicos y, como las formas de arte son variadas, no hay duda de que se reconocen en alguna de ellas. El arte es una puerta al mundo y podemos abrirla cuando queramos, aun no desplazándonos de nuestro país.

2. “Saborear” las culturas

Hay también quien asocia la comida con el arte. Y de hecho las recetas tienen que ver con la creatividad. Fusionar sabores, olores y colores, en combinaciones originales y presentados de formas sorprendentes. Hay chefs que convierten sus platos en verdaderas obras de arte para9e2b72c6262d97be565e2febb3d52e9d impresionar a los comensales tanto a la vista como en el paladar. Hoy en día es imposible andar por las calles de nuestra ciudad sin encontrar restaurantes con comidas de diferentes partes del mundo,…¡casi tantas como colores! La comida nos hace sentir bien, es un momento parahKJG-GpUWj4 compartir con nuestros seres queridos. En todas las culturas la comida es igual a positividad y no es extraño que se haya exportado tanto. La comida es un viaje sensorial hacia otros mundos, una forma accesible de estar bien y conocer a los demás.

3. Ciudadanos del mundo

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Relacionarse con las personas, intercambiar opiniones y puntos de vista. La socialización es otra esfera de contacto significativa. Y alcanzar la comunicación utilizando lenguas diversas nos permite romper las barreras y sentirnos cercanos a lo aparentemente distante. Lenguas y culturas están entrelazadas. Aprender una lengua puede facilitar el descubrimiento de su cultura y, viceversa, explorar una cultura puede motivarnos a conocer su lengua. La sociedad es plurilingüística y pluricultural, igual que un arcoiris, lleno de colores.

Lenguas y culturas no están separadas en compartimentos impermeables y sus confines no son paredes insuperables, sino puentes, puntos de encuentro. Lenguas y culturmundoas no se desarrollan paralelamente, sin contaminarse, sino que sus trayectos siempre se cruzan. Somos menos diferentes y lejanos de lo que podemos imaginar. Todo está conectado. Por lo tanto aprender una lengua no solo nos da la posibilidad de conocer algo nuevo, sino a veces, de vernos reflejados en lo que considerábamos extranjero y que sin embargo, se revela como algo muy similar a nosotros.

Un bagaje lingüístico variado y amplio es un empujón extra para enfrentar la vida y no quedarnos encerrados en lo que ya sabemos.

4. ¿Maletas listas?

Y por fin ¿qué más shutterstock_144112840estimulante que abrirnos a la diversidad viajando? Desplazarnos físicamente e ir más allá de la inmaterialidad de una pantalla luminosa o de las hojas de un libro. Vivir las otras culturas y lenguas en profundidad, sin filtros. Hacernos artífices de nuestro conocimiento. El viaje, además, no es solo un camino para descubrir algo nuevo, sino también para redescubrirnos a nosotros mismos y otros aspectos que antes no habíamos considerado. Porque de la confrontación siempre brota una consciencia enriquecida, de los otros y de nosotros, de igual manera que mezclando los tres colores básicos obtenemos una amplia gama de colores distintos.

No nacemos tolerantes. Inclusión e integración son cualidades que se adquieren a lo largo de nuestra vida. Y para aprenderlas hay numerosos trayectos que satisfacen los gustos e intereses de unos y otros… ¡algunos de esos trayectos comienzan en la puerta de nuestra casa!

Los colores todos regalan sonrisas, nos salvan de la monotonía. ¡No dejemos que se pongan grises!

Michel Manetti

www.language4you.com

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